LA DIDÁCTICA DE LOS IDIOMAS EXTRANJEROS.
Introducción
El presente trabajo ofrece una visión crítica de la constitución de la didáctica de las lenguas
extranjeras y sus nociones fundamentales. Las reflexiones efectuadas procuran delimitar el
marco conceptual de un campo disciplinar relativamente joven considerado un espacio de
entrecruzamiento de varias disciplinas. Galisson y Coste (1976), en el prólogo del célebre
Diccionario de Didáctica de Lenguas, señalan que todos aquellos que reconocen la existencia
de este ámbito también coinciden al decir que el centro de gravedad y las fronteras del mismo
son dinámicas (Helman, 2004). Para alcanzar el objetivo propuesto, se revisarán las
principales corrientes de las ciencias del lenguaje y de las ciencias sociales que han aportado
elementos clarificadores en la conformación disciplinar. Se mostrarán luego los cambios en la
didáctica de las lenguas de la década del los 70. Finalmente, se proporcionarán algunos
planteos actuales sobre la temática.
2. La didáctica de las lenguas: sus comienzos
Es bien sabido que la didáctica de las lenguas extranjeras (DLE), a diferencia de otras
disciplinas, no se inició con la identificación y delimitación de un objeto a partir de sucesivos
pasos de investigación. Aparece históricamente orientada hacia dos polos: el análisis, la
estructuración y experimentación de propuestas para el trabajo en el aula y la búsqueda, poco
fructífera a nuestro entender, de convertir los actos de enseñanza en actos de aprendizaje.
Marcada por la ausencia de reflexión conceptual, desde el comienzo, se define como un
conjunto de principios y reglas destinados a una práctica: como una disciplina esencialmente
prescriptiva, normativa, fundada en concepciones positivistas y funcionalistas de la ciencia.
Pero quizás el rasgo más saliente es que se fundamenta en modelos teóricos preestablecidos -
esencialmente los lingüísticos- no construidos a partir de la investigación y del análisis de la
práctica a la cual pretende prescribir (Klett,1987: 56).
Galisson, pionero en la defensa de la didáctica-didactología de lenguas-culturas (DDLC) dice:
“La lingüística1
no es la meta-disciplina natural o disciplina de referencia [de la didactología]
porque las lenguas se consideran cada vez más como instrumentos de comunicación [y, a mi
entender de formación] y cada vez menos como objetos de estudio” (Galisson, 1997: 79). Esto
significa que si la finalidad es comprender y hacerse comprender se trata más de la
adquisición de quehaceres lingüísticos, discursivos, pragmáticos y culturales que de la
incorporación de saberes sobre la lengua. De acuerdo con el investigador mencionado, el
estudio de las lenguas favorece el trabajo intelectual -lo que las hace semejantes a las otras
disciplinas- pero, sobretodo, incrementa nuestra sensibilidad pues estimula nuestros sentidos
haciéndonos aguzar la vista y el oído. Además, la exposición a los idiomas contribuye a
desarrollar en el individuo la empatía y el respeto por la diversidad. De ahí se desprende
justamente el alto valor formativo de los idiomas (Galisson, 2002)
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