martes, 14 de abril de 2020

LA DIDÁCTICA  DE LOS IDIOMAS EXTRANJEROS.

 Introducción 
El presente trabajo ofrece una visión crítica de la constitución de la didáctica de las lenguas extranjeras y sus nociones fundamentales. Las reflexiones efectuadas procuran delimitar el marco conceptual de un campo disciplinar relativamente joven considerado un espacio de entrecruzamiento de varias disciplinas. Galisson y Coste (1976), en el prólogo del célebre Diccionario de Didáctica de Lenguas, señalan que todos aquellos que reconocen la existencia de este ámbito también coinciden al decir que el centro de gravedad y las fronteras del mismo son dinámicas (Helman, 2004). Para alcanzar el objetivo propuesto, se revisarán las principales corrientes de las ciencias del lenguaje y de las ciencias sociales que han aportado elementos clarificadores en la conformación disciplinar. Se mostrarán luego los cambios en la didáctica de las lenguas de la década del los 70. Finalmente, se proporcionarán algunos planteos actuales sobre la temática. 2. La didáctica de las lenguas: sus comienzos Es bien sabido que la didáctica de las lenguas extranjeras (DLE), a diferencia de otras disciplinas, no se inició con la identificación y delimitación de un objeto a partir de sucesivos pasos de investigación. Aparece históricamente orientada hacia dos polos: el análisis, la estructuración y experimentación de propuestas para el trabajo en el aula y la búsqueda, poco fructífera a nuestro entender, de convertir los actos de enseñanza en actos de aprendizaje. Marcada por la ausencia de reflexión conceptual, desde el comienzo, se define como un conjunto de principios y reglas destinados a una práctica: como una disciplina esencialmente prescriptiva, normativa, fundada en concepciones positivistas y funcionalistas de la ciencia. Pero quizás el rasgo más saliente es que se fundamenta en modelos teóricos preestablecidos - esencialmente los lingüísticos- no construidos a partir de la investigación y del análisis de la práctica a la cual pretende prescribir (Klett,1987: 56). Galisson, pionero en la defensa de la didáctica-didactología de lenguas-culturas (DDLC) dice: “La lingüística1 no es la meta-disciplina natural o disciplina de referencia [de la didactología] porque las lenguas se consideran cada vez más como instrumentos de comunicación [y, a mi entender de formación] y cada vez menos como objetos de estudio” (Galisson, 1997: 79). Esto significa que si la finalidad es comprender y hacerse comprender se trata más de la adquisición de quehaceres lingüísticos, discursivos, pragmáticos y culturales que de la incorporación de saberes sobre la lengua. De acuerdo con el investigador mencionado, el estudio de las lenguas favorece el trabajo intelectual -lo que las hace semejantes a las otras disciplinas- pero, sobretodo, incrementa nuestra sensibilidad pues estimula nuestros sentidos haciéndonos aguzar la vista y el oído. Además, la exposición a los idiomas contribuye a desarrollar en el individuo la empatía y el respeto por la diversidad. De ahí se desprende justamente el alto valor formativo de los idiomas (Galisson, 2002)

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